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2016.11.07 

Los veteranos recuerdan A.A. como cosa de familia. "Cuando me uní a A.A.

las reuniones eran pequeñas y toda la familia -si acaso te quedaba- asistía a ellas. Eramos un puñado de gente en una balsa salvavidas, completamente dependientes los unos de los otros para nuestra supervivencia. Sabíamos todo lo que había que saber los unos de los otros - cuanto debía Tomas para pagar su hipoteca, cuando cumpliría José el termino de su libertad condicional, cómo Carlota se las estaba arreglando sobria para criar a sus indisciplinados hijos. Si alguien faltaba a una reunión, podía contar con que su teléfono seguiría sonando basta caerse de la pared."
Así lo recuerda Drew S., del Sur de California, uno de los veteranos cuyas reminiscencias mantienen frescos nuestros recuerdos de los comienzos de A.A. "No esperábamos a que la gente viniera a nosotros", escribe. "Les llevamos el mensaje a los callejones y rincones oscuros de los barrios perdidos."
Había "sólo unos pocos miembros sobrios de A.A. al principia de los años 40 que vivían en esta área", dice Drew. "Y no se conocían los unos a los otros basta que se empezaron a celebrar las reuniones publicas en 1945. El primero de estos miembros era un hombre llamado Kent H. Arrestado por embriaguez 25 veces, había comparecido siempre ante el mismo juez ..
"El juez, perdiendo su paciencia, estaba a punto de condenarlo a cumplir una sentencia larga. Mientras tanto, Audrey, la mujer de Kent, con un ávido deseo de ayudar a su marido, había leído el famoso articulo de Jack Alexander en el Saturday Evening Post, enterándose así de un grupo, todavía en ciernes, en Los Angeles, a unas 50 millas de distancia, y se puso en acción.
"Aquel día soleado de mayo de 1945, Kent estaba, como de costumbre, empapado, pero con la ayuda de una amiga, Audrey logró vestirlo y cargarlo en el coche. Entonces, se dirigió resueltamente hacia Los Angeles y la reunión."
"Pareció tener efecto. Durante unos cuantos días, Kent casi volvió a ser el hombre cuerdo y simpático de antes. Pero una tarde, la vieja obsesión se apoderó de é1. Se fue de su llantería al centro de San Bernardino para buscar una botella. Andando a zancadas por la calle, miró hacia atrás y vio la cara de su mujer, encuadrada por la ventana, los ojos abiertos, los labios apretados. Kent se paró en seco y dio una vuelta y, por el resto de su vida, no se tomó ni una gotita.
"La primera mujer de nuestra área en mantenerse sobria por el resto de su vida fue Evelyn E., quien logró su sobriedad en 1945. Esta misma mujer fue la que me encontró en junio de 1947, tumbado en el suelo detrás de Joe's Bar, que ahora se conoce por el nombre Tut's. Desde entonces, no me ha resultado necesario echarme un trago."
box459 octubre – noviembre 1991