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2016.11.08 

Al final, cuando el Dr. Bob estaba preparándose para morir, hubo tres cosas que quería hacer:

ir a St. Johnsbury una vez más, ir a Texas a pasar la Navidad y hacer esa aparición en la primera Convención Internacional de A.A., en Cleveland.
Conforme pasaban los días y se acercaba la fecha de la Convención, el Dr. Bob empezó cada vez más a conservar sus energías; sus amigos pensaban en que no debía siquiera intentarlo.
“Ya no era capaz de ir a sentarse”, recordó Emma. “A medio día, le dije: ‘Doctor, por favor no vaya’“.
“ ‘Precisamente tengo que ir’, dijo”.
Al S., un miembro de Nueva York, llevó en su coche al Dr. Bob a Cleveland.
“Todo lo que dijo fue: ‘Estoy cansado, por favor discúlpenme si no hablo’ “. Recordó Al: ‘Yo creía que no lo iba a hacer”.
Ahí estaban miles de personas y algunos recuerdan como el oleaje de amor de A.A. pareció levantar al Dr. Bob; otros, cómo se sostenía el costado mientras hablaba.
(En la última plática de Bill en una Convención, 20 años después, hubo algunos que hicieron notar la similitud de las circunstancias).
Fue una plática breve. La mayor parte de la gente recuerda su consejo acerca de la sencillez y con mucha frecuencia citan esto para enfatizar algo que ellos mismos pueden estar haciendo; pero el Dr. Bob dijo mucho más que eso, y habló acerca de que ninguno de los Doce Pasos necesita interpretación:
“Mis buenos amigos en A.A. y de A.A., siento que yo sería muy negligente si no aprovechara esta oportunidad para darle a ustedes la bienvenido aquí en Cleveland, no sólo a esta reunión sino a aquéllas que ya se han efectuado. Tengo mucha esperanza de que la presencia de tanta gente y las palabras que han oído prueban ser de inspiración para ustedes . . . no sólo para ustedes, sino que los hagan capaces de impartirlas a los muchachos y muchachas que no tuvieron la suficiente fortuna para poder venir. En otras palabras, esperamos que su visita aquí la hayan disfrutado y les sea útil.
Me produce un gran estremecimiento mirar a un vasto mar de caras como éste con una sensación de que posiblemente una pequeña cosa que hice, hace ya un buen número de años, jugó una parte infinitamente pequeña para hacer que fuera posible esta reunión. También me viene un gran estremecimiento cuando pienso que todos tuvimos el mismo problema, todos hicimos las mismas cosas y todos obtenemos los mismos resultados en proporción a nuestro celo, entusiasmo y capacidad para adherirnos. Si ustedes me perdonan la inclusión de una nota personal en este momento, permítanme decirles que he estado en cama cinco de los últimos siete meses y mis fuerzas no me han regresado como a mí me gustaría, así que por necesidad mis observaciones serán muy breves.
Hay dos o tres cosas que irrumpieron en mi mente sobre las cuáles sería apropiado poner un poco de énfasis. Una es la sencillez de nuestro programa; no lo enredemos todo con complejos freudianos y cosas que son de interés para la mente científica, pero que tienen muy poco que ver con nuestro verdadero trabajo de A.A.
Nuestros Doce Pasos, cuando se van resumiendo hasta lo último, pueden ser condensados en las palabras ‘amor’ y ‘servicio’. Entendemos lo que es el amor y entendemos lo que es el servicio, así que tengamos presentes en la mente estas dos cosas.
Recordemos también tener guardado a ese miembro errático que es la lengua, y si tenemos que usarla, usémosla con bondad, consideración y tolerancia.
Y una cosa más: Ninguno de nosotros estaría hoy aquí si alguien no se hubiera tomado el tiempo para explicarnos las cosas, para darnos una palmadita en la espalda, para llevarnos a una o dos juntas, para hacer en beneficio nuestro numerosas pequeñas acciones generosas y atentas. Así que no permitan nunca que lleguemos a ese grado de afectada complacencia de que no estemos dispuestos a hacer extensiva, o a intentar hacer extensiva, esa ayuda a nuestros hermanos menos afortunados que ha sido tan benéfica para nosotros. Muchas gracias”.