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2016.11.24 

¿Subvencionamos nuestra literatura a costa de otros servicios?

"Recientemente mi novia me regalo una edición de bolsillo de una novela de ciencia ficción. Me llevó unos cuantos días leerla y luego la tire", nos escribe Peter D., de Edmonton, Alberta, Canadá. "El libro costo $5.95, o sea $2.35 menos de lo que cuesta la edición en cartón del Libro Grande en los EE.UU. y 55 centavos menos del precio por el que se vende aquí."
Peter no se preocupa por que el precio del Libro Grande y de otra literatura aprobada por la Conferencia sea muy elevado, sino por lo poco que cuesta. "¿Por que no se consideran los ingresos producidos por la venta de nuestra literatura como un medio para automantenernos? ¿Subvencionamos nuestra literatura a costa de otros servicios vitales?"
Hoy día la edición en cartón del Libro Grande se vende en los Estados Unidos por $3.60, solamente 10 centavos mas de lo que costaba la primera edición publicada en 1939 - a pesar de la subida de los precios del papel, producción, encuadernación, distribución y otros gastos relacionados. Para 1984, el precio al detalle del Libro Grande había ascendido a $5.65; el precio al detalle de otros libros de A.A. oscilaba entre $4.00 y $6.50. Entonces, el año pasado se redujeron en un 12½% los precios de todos los libros y librillos (y se introdujo un descuento de un 22% para los folletos y otros materiales), con el resultado de rebajar los precios al nivel que tenían antes de la Segunda Guerra Mundial. Esta acción, tomada por la Junta de Servicios Generales de A.A., fue la consecuencia de un gran aumento en las contribuciones hechas por los grupos a la Oficina de Servicios Generales en 1987. En años anteriores, la Conferencia de Servicios Generales había recomendado que se utilizaran las contribuciones de los grupos, y no los ingresos sobrantes de la venta de literatura, como lo ideal para sostener los servicios de grupo.
La reducción de precios, Peter sostiene, fue una equivocación bien intencionada, la cual, sin embargo, no favorece la intención de la Septima Tradición. "¿Por que no se deben utilizar los fondos producidos por la venta, a precio razonable, de nuestra literatura para sufragar los gastos de los grupos? ¿Para que otra cosa los utilizaríamos? He oído decir que si cada grupo contribuyera con una cantidad fija a la Oficina de Servicios Generales, podríamos regalar toda nuestra literatura. Pero, ¿es este nuestro objetivo? ¿Queremos que se encuentre un ejemplar gratuito del Libro Grande en cada bar y habitación de motel, como las Biblias de Gideon?" Si pasan por las librerías de su ciudad donde se venden libros de segunda mano, observa Peter, "es probable que se den cuenta de lo que les pasa a muchos ejemplares del Libro Grande, A.A. Llega a su Mayoría de Edad y otros libros de A.A. Lo cierto es que la mayoría de los alcohólicos activos atribuye poco valor a cosas por las que no tienen que pagar, a no ser que las puedan empeñar para comprarse un trago."
La idea de que los servicios de A.A. deben ser mantenidos únicamente por las contribuciones de los grupos y los miembros, dice Peter "es un sueño que ignora la realidad. En los primeros días de la Comumdad eran los ingresos de la venta de libros, mas que cualquier otra cosa, los que nos mantenían a flote. Nuestro cofundador Bill W. escribió mas tarde: 'con las ganancias producidas por el Libro Grande a menudo se compensaban los deficits de las contribuciones de los grupos a la Sede.'"
"En su Introducción a los Doce Conceptos, Bill hizo notar que '[los] Conceptos ... representan la mejor recopilación que yo podría hacer después de veinte años de experiencia en la creación de nuestra estructura de servicio y en la dirección de los asuntos mundiales de A.A.' Y el Concepto XI claramente dice: 'Creemos firmemente que una presentación pobre, ediciones baratas y literatura pobremente concebida no le conviene a A.A. desde ningún punto de vista, ni para su efectividad, ni para su economía ni para nada.'