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2016.11.29 

Un extracto del Capítulo 5 del Libro Grande. Estas páginas, en las que aparecen los Doce Pasos, se leen frecuentemente al abrir las reuniones.

CÓMO FUNCIONA
Rara vez hemos visto fracasar a una persona que haya seguido concienzudamente nuestro camino. Los únicos que no se recuperan son los individuos que no pueden o no quieren entregarse de lleno a este sencillo programa; generalmente son hombres y mujeres incapaces, por su propia naturaleza, de ser sinceros con ellos mismos. Hay seres desventurados como éstos. No son culpables; por lo que parece, han nacido así. Por su naturaleza, son incapaces de entender y de realizar un modo de vida que exige la más rigurosa sinceridad. Para éstos las probabilidades de éxito son pocas. Existen también los que sufren graves trastornos emocionales y mentales, aunque muchos de ellos logran recuperarse si tienen capacidad suficiente para ser sinceros.
Nuestras historias expresan de un modo general cómo éramos, lo que nos aconteció, y cómo somos ahora. Si tú has decidido que quieres lo que nosotros tenemos, y estás dispuesto a hacer todo lo que sea necesario para conseguirlo, entonces estás en condiciones de dar ciertos pasos.
Nosotros nos resistimos a algunos de ellos. Creímos que podríamos encontrar un camino más fácil y cómodo. Pero no pudimos. Es por ello que, con toda seriedad, te suplicamos que seas valiente y concienzudo desde el mismísimo comienzo. Algunos de nosotros tratamos de aferrarnos a nuestras viejas ideas y el resultado fue nulo hasta que nos deshicimos de ellas sin reserva.
Recuerda que tratamos con el alcohol: astuto, desconcertante y poderoso. Sin ayuda, resulta demasiado para nosotros. Pero hay Uno que tiene todo el poder—Dios.
¡Ojalá Lo encuentres!
Las medidas parciales no nos sirvieron para nada. Estábamos en el punto de cambio.
Entregándonos totalmente, le pedimos a Dios su protección y cuidado.
He aquí los pasos que dimos, y que se sugieren como programa de recuperación:
1. Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.
2. Llegamos a creer que un Poder superior a nos otros mismos podría devolvernos el sano juicio.
3. Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuida do de Dios, como nosotros lo concebimos.
4. Sin temor hicimos un minucioso inventario moral de nos otros mismos.
5. Admitimos ante Dios, ante nos otros mismos, y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros defectos.
6. Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios nos liberase de todos estos defectos de carácter.
7. Humildemente le pedimos que nos libera se de nuestros defectos.
8. Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos.
9. Reparamos directamente a cuan tos nos fue posible el daño causado, excepto cuando el hacer lo implicaba perjuicio para ellos o para otros.
10. Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuan do nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente.
11. Buscamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios, como nosotros lo concebimos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nos otros y nos diese la fortaleza para cumplirla.
12. Habiendo obtenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar el mensaje a los alcohólicos y de practicar estos principios en todos nuestros asuntos.
Muchos de nosotros exclamamos: “¡Vaya tarea! Yo no puedo llevarla a cabo.” No te
desanimes. Ninguno de nosotros ha podido mantenerse apegado a estos principios en
forma ni siquiera aproximada a la perfección. No somos santos. Lo importante es que
estamos dispuestos a desarrollarnos de una manera espiritual. Los principios que hemos
establecido son guías para nuestro curso. Lo que pretendemos es el progreso espiritual,
y no la perfección espiritual.
Nuestra descripción del alcohólico, el capítulo sobre los agnósticos y nuestras aventuras
personales, antes y después, ponen en claro tres ideas pertinentes: