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2018.02.01 

Al comentar sobre la dura experiencia, Marcos dijo irónicamente:

“Después de asistir a la 22ª RSM en Rye Brook, haber visitado la maravillosa Oficina de Servicios Generales en Nueva York, y haber realizado mi sueño de visitar Stepping Stones, la Junta de Servicios Generales de los EE.UU. y Canadá hizo los arreglos necesarios para que mi familia y yo tuviéramos otra extraordinaria experiencia: un huracán. Y una vez más tuve la oportunidad de experimentar el programa de A.A. en mi vida, en todo su esplendor. En este caso en particular, tuvo que ver con el Tercer Paso: ‘Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros Lo concebimos’”.
Por supuesto que Marcos no fue el único viajero de la RSM que encontró numerosas oportunidades de desarrollarse espiritualmente como consecuencia del huracán Sandy.
Brigid O’B., delegada de primer término de Bélgica de habla holandesa se encontró varada en el Hilton Rye Town varios días, durante el punto culminante del huracán y en días posteriores, junto con un grupo de gente. Los días —y las noches— estuvieron repletos de compartimiento y “momentos mágicos” de A.A. Como una reunión improvisada a la luz de una linterna y una vela en medio de una mesa cuando se cortó la electricidad. Sentados en la obscuridad, empezaron a cantar — “Incluso yo —dijo Brigid— que ni aunque sea para salvarme la vida no puedo cantar. Atemorizo a los cuervos, de verdad…”
Pero con un poco de persuasión, cantó la canción “Un día a la vez”. “Les encantó”, dijo Brigid. “Pilar, la delegada Clase A, no alcohólica, de Chile, la grabó en su teléfono para su hijo, que está en Notre Dame. John, el delegado de segundo término de Australia, cantó algunas canciones australianas y todos fuimos a nuestras habitaciones para recoger la comida que tuviéramos —saladitos, fruta, yogurt— y tuvimos una mesa de picnic, una especie de fuego de campamento alrededor de una vela. Fue muy agradable”.
El hotel había sido evacuado excepto el personal del mismo y el grupo de viajeros internacionales de A.A., y una tarde, Brigid y Pilar se encontraron con un centenar de huéspedes entrando en el hotel –– electricistas de estados vecinos que habían venido a ayudar a restaurar la electricidad por toda el área.
“Vestidos con sus ropas de trabajo, llenos de tatuajes, y muchos de ellos con botellas de cerveza en la mano ––dijo Brigid –– los electricistas les preguntaron que quiénes eran ellas.
“Cuando se enteraron, hubo comentarios tales como ‘No me digas’, ‘¿de verdad?’ y ‘no es posible’. Casi nos mataron con sus apretones de manos y disculpándose repetidas veces por sus botellas, tratando de esconderlas de nuestra vista.
Pero el respeto que nos ofrecieron fue increíble. Uno de ellos dijo con su peculiar acento: ‘Así que ustedes son la flor y nata de los borrachos del mundo…’
“Nos dieron comida, nos dejaron recargar nuestros teléfonos en sus camionetas, y estaban encantados de vernos todas las tardes”.
En una ocasión, dijo Brigid, Pilar y ella estaban afuera fumando un cigarrillo con algunos de los electricistas cuando de pronto oyeron un tremendo estruendo –– el sonido de un árbol que estaba siendo arrancado de raíz. Uno de los electricistas dijo “Ahí va”, y antes de que ellas se dieran cuenta varios de los electricistas las tomaron en brazos y las metieron a salvo dentro del hotel. Un momento después se cortó la electricidad.
“Pasaron tantas cosas ––dijo Brigid–– hubo tanto compartimiento.
Caminamos y hablamos de A.A. todo el tiempo, con humor, amor y servicio en todo momento. Casi ni nos dimos cuenta de Sandy”.
Bolívar Z., delegado de primer término de Ecuador, coincidió en su opinión. “Me tuve que quedar ocho días más en el hotel ––dijo–– pero nunca se me olvidará el entusiasmo y el compañerismo de todos los compañeros de A.A. presentes, los compartimientos por las tardes y una reunión maravillosa que tuvimos una noche.
“Nos sentamos formando un círculo grande, a la luz de una linterna en el centro del círculo, y empezamos a compartir historias, experiencias y sentimientos. Fue verdaderamente inolvidable”.