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2016.12.15 

¿A quién ayuda el servicio. de prisiones? Llevar reuniones de A.A.

a las prisiones, cárceles e instituciones ha sido uno de los enfoques principales del servicio de A.A. por toda la Comunidad durante muchos años — y que es muy apreciado, no sólo por los presos de adentro que necesitan el mensaje y los miembros de A.A. de afuera que están dispuestos a llevarlo, sino muy a menudo, y muy especialmente, por los profesionales no alcohólicos encargados de esas instituciones.
Qué hacer con los alcohólicos ha sido desde hace mucho tiempo un problema para los profesionales del campo de correccionales, como Austin H. MacCormick, antiguo custodio Clase A de la Junta de Servicios Generales de A.A., expresa en un artículo titulado
“Mantengan A.A. vivo en nuestras cárceles”
publicado en el número de abril de 1963 de Grapevine:
“No se puede negar el hecho de que las cárceles americanas son lugares en los penetra muy poca luz… En la mayoría de las cárceles de condado del país nunca se ve ninguna influencia de mejoramiento de ningún tipo, ninguna aplicación de humanidad o ciencia, ningún esfuerzo para salvar a los presos, con una excepción — cuando A.A. llega adentro y se queda
adentro… A.A. ha aportado alguna luz a esta obscura situación, y debe seguir trayendo continuamente más y más”.
Es un sentimiento similar al expresado por Clinton H.
Duffy, director de la prisión de San Quintín, una de las primeras instituciones penitenciarias en abrir sus puertas a A.A., que escribió acerca de esa experiencia en un artículo publicado en 1942 y titulado “Un programa de prisiones para la rehabilitación de los alcohólicos”: “Esto se hizo con alguna inquietud.
Sabíamos muy poco acerca de la organización o cómo se podría adaptar a ser parte de nuestro programa de rehabilitación.
Ninguna persona de la administración de la prisión estaba asociada con A.A. Por lo tanto nos vimos forzados a entrar en el asunto sin valernos de ningún tipo de experiencia”.
Según seguían adelante con el experimento, escribió el director, “Entró en la sala un grupo de personas — unos hombres sonrientes, felices y bien vestidos, algunos de los cuales habían viajado en automóvil más de cien millas para llegar a la prisión.
Uno a uno, estos hombres, con palabras que sólo los alcohólicos de verdad podrían usar y entender, contaron a los presos sus experiencias con este programa que se estaba estudiando.
“Los chinos dicen que una imagen vale más que mil palabras. Esa era la imagen. Para los presos significaba una nueva visión de verdadera ayuda cuando más la necesitaban, antes del primer trago, porque estos hombres no estaban predicando cosas sacadas de libros. Estaban abriendo sus corazones y sus almas. No estaban sermoneando. Estaban tranquilizando y dando confianza.
“Asistí a muchas reuniones. Oí al alcohólico señor abogado, médico, banquero, camionero, armador de barcos, admitir públicamente su antiguo estado de absoluta degradación. Le oí decir que había podido recobrar el respeto a sí mismo y el respeto de sus conciudadanos como resultado de la influencia y la aplicación del programa que nuestros hombres estaban estudiando, junto con un miembro de Alcohólicos Anónimos.
Recibí cartas de hombres y mujeres ofreciéndose a ayudar de cualquier manera posible a rehabilitar a los miembros de Alcohólicos Anónimos de san Quintín. Sus ofertas eran promesas activas, que se cumplían cuando se les pedía…
“La generosidad de los A.A. es una inspiración no sólo para los presos de la institución sino también para la administración de la prisión. Su cooperación incondicional nos ha hecho posible ampliar el programa aquí en California.
Recientemente el primer preso secretario del grupo de A.A. de San Quintín se ofreció como voluntario para ser transferido a la Prisión Folsom, la prisión de máxima seguridad de este estado, con el fin de organizar allí un grupo de Alcohólicos Anónimos. Se considera que se iniciarán grupos similares en la Institución para hombres de Chino, California, en un próximo futuro, porque nosotros aquí en California cre